29 de abril de 2012




COLECCIONISMO: LA HISTORIA Y LAS HISTORIAS (Por Sara Facio)



La convocatoria de Silvia Mangialardi a participar en esta sección fue una tentación.
 Me dijo: No hay tema. Escribí lo que quieras decir sobre fotografía.
Tentación y provocación. Acepté.

Como introducción quiero hacer una aclaración sobre mi estilo.
Cada vez que leo textos extranjeros sobre fotografía me asombra la oscuridad con que se expresan curadores o especialistas. Se pretende escribir ensayos, cuando la acepción primaria del término es pensar con sentido didáctico. Debemos lamentar que últimamente nuestros compatriotas se han contagiado la oscuridad del lenguaje.

Es mi caso, soy hija de la escritura periodística. Escribo para informar a la gente interesada en nuestro mundo de imágenes. Quisiera que comprendan la maravilla de la fotografía, los escenarios que nos descubre, cuánto conocemos y aprendemos a través de ella. Me quiero comunicar con el lenguaje escrito con ilustrados y con legos. Escribo para compartir mis ideas. Ideas personales, nacidas de lecturas, observación y experiencia, con las que se puede estar de acuerdo o disentir. Lo que me importa es que se entienda, que haga pensar, que incite a la sana polémica.

Me propongo ser concisa. Hacer frases cortas, claras. Lo hago a sabiendas, también, por el terror que me producen los editores y diseñadores. Por aquello de que nunca hay espacio y cortan (mutilan) textos y fotos por donde les es útil.

No soy de metamorfosear palabras hasta hacerlas ajenas a su etimología, ni de inventar formas de verbos, ni terminar adjetivos de manera caprichosa.
Las palabras sacrificial, relacionales, situacional, apropicionista, extratecnificada inmaterialidad del concepto, calidad veritativa, complementariedad representacional, desmagnificación, idiosincrásicos, están fuera de mi vocabulario. No las van a encontrar en mis escritos.
¿Cómo se puede escribir así en el país de Borges?

Allá vamos
Con motivo del Bicentenario del nacimiento de nuestra Patria, presenté durante todo el año en el Museo Nacional de Bellas Artes una curación que titulé Imágenes Paralelas.
La estructuré en tres partes y sólo se exhibieron obras pertenecientes el Patrimonio del museo.

Las tres entregas fueron muy bien recibidas por el público y –extrañamente– por la crítica cultural. Especialmente Mercedes Pérez Bergliaffa, de la revista Ñ comprendió perfectamente el sentido de la primera parte (nacimiento de la fotografía) al expresar: …en la exposición aparece un momento clave en la historia del arte de la Argentina, ya que muestra ese primer momento de puja, de diálogo involuntario o desliz, entre la fotografía y la pintura. En este sentido la curaduría de Facio aporta aire fresco dentro de la generalidad de las propuestas Es original. Las obras se nos presentan como memoria histórica.

Ese era justamente, uno de los puntos clave de mi trabajo como curadora: la fotografía como memoria visual del país. Se iría mostrando costumbres y cambios de nuestra sociedad a lo largo de casi 200 años. Siempre a través de artistas de magnitud, que fue el otro gran objetivo.

Mostrar el rico patrimonio del MNBA, en su fuerte contenido estético y humano. Tengamos siempre presente que esas obras nos pertenecen a todos los argentinos. Pinturas, esculturas, dibujos, grabados y ¡finalmente! : Fotografías. Tuvimos que esperar más de un siglo para verla incorporada a nuestro museo mayor y como se demostró, es el mejor espejo de nuestra Historia.

Se trata de un lenguaje visual que imprescindiblemente ha de ser figurativo, pero no es arte realista y punto. Porque si bien la fotografía no puede desprenderse de su entidad que es mostrar el hombre al hombre, tiene un agregado: muestra el hombre en su momento. En su contacto total con lo contemporáneo. Después, se mira como Historia.

Los que escribimos con luz, hacemos el primer borrador de la Historia. Más tarde se podrá adornar con palabras, con técnicas o corrientes estéticas a la moda, se podrá alterar o tratar de disimular el medio. Pero, la primera imagen está. El documento o el testimonio, según el grado de intensidad que pueda transmitir el operador se encuentra en la toma primitiva. Y quién quiera ver, verá.

Quizás sea esa la mayor diferencia que existe con las otras manifestaciones artísticas en las que todo es elaborado con tiempo y cuidado, donde lo real está contaminado por lo subjetivo, lo imaginado, lo soñado, lo querido más allá de lo real.

Las obras de esas otras disciplinas oscilan del presente al pasado o al futuro, mientras que la fotografía refleja siempre el hoy. Y esto no significa que el fotógrafo no use formato y soporte para expresar sus más hondos sentimientos en forma metafórica o simbólica. Para eso crearon como nadie - antes del photoshop - el montaje manual, la solarización y tantas técnicas que lo alejan de la fotografía directa, sin por eso traicionarla. Fueron maestros en esas técnicas Pedro Otero, Annemarie Heinrich, en los años ´50.

Una muestra de esa utilización puramente fotográfica y a la vez conceptual y simbólica, es hoy la obra de RES. Su autorretrato Yo Cactus, es una muestra deslumbrante de transformación de la imagen por medios absolutamente fotográficos y con uso perfecto de la nueva tecnología.

A RES también le debemos una serie de pasajes de la Historia argentina en la época de la llamada Conquista del Desierto, con connotación crítica y apropiación de obra ajena, (tomas de Antonio Pozzo, a quién cita) con un sentido preciso y válido que hace a la comprensión de la idea.

Con Imágenes Paralelas quise mostrar la similitud que hubo entre los plásticos con el nuevo lenguaje tanto en la temática como en el tratamiento de esos temas, pero esa diferencia fundamental, el reflejar el hoy, sólo se da en la fotografía. Fue un ejercicio estimulante.

En la búsqueda de las últimas décadas hubo un problema; la homologación se convirtió en un ejercicio más complicado, más difícil de enhebrar. Se podría argumentar que el Patrimonio Nacional no acoge obras más comprometidas con la realidad, descuido que podemos atribuir a una falta de interés o riesgo de los funcionarios, o a la eterna excusa de la carencia de presupuesto.

Es decir que ese diálogo tan fluido hasta ayer, desde los años ´70, se está convirtiendo en un monólogo en el cual la fotografía ha tomado protagonismo por cantidad y calidad. Los acontecimientos se suceden con tal velocidad, que la pintura tradicional no llega a registrarlos.

Así es cómo, por ejemplo, el tema de los Derechos Humanos, de la violencia urbana, de la pobreza ambulante por las calles de la ciudad, prácticamente está ausente en la pintura patrimonial, mientras que en la fotografía ha sido una causa recurrente desde el primer momento. Recordemos la obra de Andy Goldstein o de Daniel Rivas en los ´70 que debió forzosamente, por la censura imperante, ser metafórica. Ellos en ese mismo momento se referían a los desaparecidos y a la censura. Goldstein con tomas directas, Rivas con montaje y collage.

Desde entonces y hasta hoy, día a día son más los que reflexionan y se refieren a esos sucesos en forma directa o simbólica. Creando situaciones análogas, acercándose a las otras disciplinas y alejándose del hoy fotográfico.

La referencia a los desaparecidos durante la última dictadura es totalmente evidente en los trabajos de Julio Pantoja, Marcelo Brodsky o Santiago Porter, en ellos, como en tantos otros, la fotografía adquiere el carácter de arte conceptual donde se ilustra una idea, aún con imágenes ajenas. Helen Zout propone una mezcla de sustitutos análogos y tomas actuales que le dan mayor sustento a su desgarradora serie Desapariciones.

En las artes tradicionales las obras de León Ferrari o Juan Carlos Distéfano son una excepción y demuestran su valiente compromiso. Artistas como Carlos Alonso o Diana Dowek fueron sensibles a esos temas, pero no figuran hasta hoy entre los elegidos para el Patrimonio.

Los trabajos de Ananké Assef desnudan sin tapujos cómo la gente de clase media trata de defenderse de la delincuencia: portando armas. Algo impensable en otros tiempos. Tomas directas, discretas en el mensaje y aunque posadas, con toda la verdad de un problema actual preocupante que impacta profundamente.
Son un hoy y aquí. Y no necesita explicación alguna porque el crecimiento de la violencia urbana es, también, un problema universal.

Sí, existe una concordancia notable en la representación de la gente común, de los seres anónimos. La irrupción de la multitud, el reflejo de personas de toda clase social y el agobio ante avalanchas de desconocidos ha ido tomado un lugar preponderante en las artes visuales en general. Lo vemos en las obras de Antonio Seguí, Ana Eckell, Carlos Gorriarena en paralelo a Raúl Cottone, Gaby Messina, Eduardo Médici.

No es necesario señalar el uso y abuso que hace el periodismo gráfico en ese sentido. Nada más publicado en las últimas décadas que la multitud, los desconocidos o los famosos por quince minutos que nos descubrió Andy Warhol. Seres que no son nadie ni hacen nada bueno y que de inmediato pasan al olvido.
La Colección Fotográfica del MNBA acoge decenas de excelentes fotos de reportaje sobre este punto: Eduardo Longoni, Don Ripka, Jorge Aguirre, Eduardo Comesaña, son sus paradigmas.

El reflejo de una realidad con un toque de mordacidad e ironía, no exento de piedad, está presente en las obras de Marcos López o Ataúlfo Pérez Aznar. López desde su primera incursión reflejó seres ignotos (recordemos que los llamó retratos de provincia) como husmeando en su intimidad, con humildad y sorpresa. En cambio, Pérez Aznar horrorizó a muchos con su frontal mirada a lo común, a lo desprolijo, rescatando personajes carentes de toda pose y elegancia a la que nos tenían acostumbrados las crónicas marplatenses hasta la década del ´80.

La fotografía se ha adelantado a cualquier manifestación que quiera mostrar al hombre en su momento. Las disciplinas que más se aproximan son, desde los años ´70 en adelante, el video, la televisión, las instalaciones y el arte efímero.

Y siempre la fotografía tanto en lo documental, testimonial como en lo reflexivo está al día.
En el momento que ocurre el hecho la fotografía está escribiendo la Historia.


Sara Facio (Revista Foto Mundo) 02-03-2011















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