16 de noviembre de 2012



EXPOSURE
Centrada la cámara 
en el cuidadoso manejo de la luz,
y destacando el rostro, pupilas
todavía jóvenes en la pasividad
y ya no lo bastante alertas, livianas,
para expresar entusiasmo, hacer
de ese alimento parte preciosa
de su dieta,
el conjunto sugiere 
una imagen que flota sobre el papel
automáticamente, desentendiéndose
de la reiterada, tácita cuestión
que sale a enfrentarla:
Aclara siempre 
la fotografía de una cabeza
si la persona está viva o muerta?
y sin que te desconcierte
que la mirada parezca querer
hermanarse con lejanas efigies
ahora irreconocibles, con el frívolo 
consuelo de que cada retrato expresa
una metáfora de un mismo, único rostro;
y sin descartar, tampoco,
que el modelo haya sido sorprendido
en el instante de pensar su rostro
como cárcel,
“Universidad del crimen”
(así lo llamarían
Krotoptkin y sus seguidores),
que tarde o temprano debe ser volada
liberando a sus huéspedes.

Pero si partes
del extremo opuesto, de que la cámara 
operó en alguien que al presentarse
se abandona, abdica, está 
como de vuelta de todo, impasible,
tras haberlo pasado muy bien y muy mal,
entonces descubres y retienes
lo poco que quizás perdure, una imagen, 
ajena a rasgos individuales, el nítido 
arrobo de un mero objeto bajo la luz,
calma anónima, serenidad que a nada invita,
un bulto
exaltando su propio espacio
y que a la vez presiente el vacío
que late detrás del espacio, la zona 
eternamente incólume por no tener causa,
crecimiento, duración, sucesión. 

Alberto Girri






No hay comentarios: