16 de diciembre de 2012

 
Cuando compré esta casa en Isla Negra era un lugar desierto.
No había agua potable ni electricidad, aún hoy no tengo teléfono.
A golpes de libros la mejoré y la elevé.
Traje amadas estatuas de madera, mascarones de viejos barcos que en mi casa encontraron asilo y descanso después de largos viajes.
Pero muchos no pueden tolerar que un poeta haya alcanzado, con el fruto de su obra publicada en todas partes, el decoro material que merecen todos los escritores, todos los músicos, todos los pintores.

Pablo Neruda
 
 
 

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