22 de diciembre de 2012

 
 
El circo de la noche porteña inconcebible en otros climas. Después de un invierno rápido y sin historia, del que nadie se acuerda, empieza la noche sedosa y caliente,, con los perfumes de las plazas y el perfil de las mujeres, la noche que dura meses, la invitación a la caminata, al carnaval, a la cerveza helada después de tanto cine y tanto calor. Para esta memoria empecinada la noche porteña huele a árboles y sombra, Boyacá, Tinogasta, Paraguay al dos mil, a interminable discusión sobre las cosas del cielo y de la tierra a lo largo de itinerarios y cigarrillos que entran hasta las dos o las tres de la mañana, a zaguanes con mayólicas o puertas de departamentos donde las manos y los labios se despiden en un silencio roto apenas por un grillo en el patio, por un raro golpe de viento en las copas de los plátanos.

Julio Cortázar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)

Foto: Lavalle y Esmeralda
 
 
 

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