31 de diciembre de 2012

"Los niños también están despiertos -dijo la India con su convicción fatalista-. Una vez que entra en la casa, nadie escapa de la peste. Habían contraído, en efecto, la enfermedad del insomnio.
Ursula, que había aprendido de su madre el valor medicinal de las plantas, preparó e hizo beber a todos un brebaje de acónito, pero no consiguieron dormir, sino que estuvieron todo el día soñando despiertos. En ese estado de alucinada lucidez no solo se veían las imágenes de sus propios sueños, sino que los unos veían las imágenes soñadas por los otros. Era como si la casa se hubiera llenado de visitantes. Sentada en su mecedor en un rincón de la cocina, Rebeca soñó que un hombre muy parecido a ella, vestido de lino blanco y con el cuello de la camisa cerrado por un botón de oro, le llevaba un ramo de rosas. Lo acompañaba una mujer de manos delicadas que separó una rosa y se la puso a la niña en el pelo. Ursula comprendió que el hombre y la mujer eran los padres de Rebeca, pero aunque hizo un grande esfuerzo para reconocerlos,confirmó su certidumbre de que nunca los había visto".

Gabriel García Márquez
(Fragmento de "Cien años de Soledad")



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