29 de diciembre de 2012

Opiniones Pertinentes

-Diás disraiél! Shuadovíditis krávinis! -clamó Calac,que se jactaba de hablar el iddish con -gran-soltura. -Madre querida, ángel de amor, fesa de sóreta, carpeteame un poco el escracho de este coso! Y esto se deja fotografiar, esto se toma por un escritor y para más argentino! Un beséler, decime un poco. Pero vos no sabías lo que afirma F.A. Weber enDie griechische Entwicklungder Zahl pun Raumbegriffe in der griechichen Philosophie bis Aristoteles un der Begriff der Unendlichkeit, aparte de lo que sostiene Giovanni Domenico Romagnosi en Che cosa e la mente sana? En ese caso más te valdría constituirte en el tercer capítulo de la edición de J.H. Peterman, Berlín, 1851, de la Pistis Shopia: Opus gnosticum Valentino adjudicatum a codice manuscriptus coptico Londinensi descripsit et latine verter M. G. Schwartze.
-Lo único que me pareció entender es eso de que se toma por Valentino- dijo Polanco que era del cine mudo.
-Ma no, pibe -deploró Calac-, ni siquiera le da por ahí; vos fijate que cuando se tiene un poco de responsabilidad, uno va y le pide a Alicia y a Sara que lo saque con la mandíbula del pensador intelectual descansando en la mano, la mano descansando en el codo, y el codo propio arriba de uno de esos escritorios con tintero. Pero el punto no tiene categoría, vos te das cuenta.
-Es más bien triste- convino Polanco.
-Ponele la firma- dijo Calac.
-Y sí- dijo Polanco.
- Menos mal que siempre queda la cerveza- dijo Calac.
-Y el faso- dijo Polanco.
-No somos nada- dijo Calac.

Julio Cortázar






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