15 de diciembre de 2012



"Un extraño sentimiento de pudor y de orgullo se apoderó de él. "Yo, un braceras, no puede escuchar las inmundicias de un sirviente". Y, sin embargo, el recuerdo de sí mismo escondido detrás del biombo, le hizo pensar que, de alguna manera, eran dos iguales. Y Guastavino, adivinándolo quizás, guardó silencio. Pero el recuerdo preciso, hiriente, de como había conocido a la muchacha, no lo abandonaba. "La había conocido en un "pic-nic" en los bajos de San Isidro el día de la primavera, hacía dos años. Una noche mandó raptarla por el comisario Palencia. A Valenzuela se la tenía jurada desde aquella noche que mató a un pobre italiano para robarle ciento cincuenta pesos de la quincena..."

(Fragmento de "Fin de Fiesta" 





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