4 de enero de 2013


ALEJANDRA PIZARNIK

Llegó a mi estudio para conocerme. Quería que le tomara fotos, pero antes tenía que saber como era... bastante insólito, pero ya me habían advertido que era una persona diferente. Hablaba con un acento ruso (?), modulando las palabras muy lentamente.
A los pocos minutos de estar conversando sonó el timbre y entró Silvina Ocampo. No hubo necesidad de presentarla. Al verla, Alejandra se transformó; perdió el personaje que había compuesto hasta ese momento y sucumbió al encanto de Silvina. Después me contó que lo que más deseaba en el mundo era conocerla....
Obviamente esa tarde las fotos no se hicieron.
Pasamos la sesión a la semana siguiente en la casa de sus padres, en un barrio muy modesto, donde vivía provisionalmente.
Sara Facio


 

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