19 de enero de 2013

En el mar tormentoso de Chile
vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne.
Y en las ollas chilenas, en la costa, nació el caldillo grávido y suculento, provechoso.
Lleven a la cocina el congrio desollado, su piel manchada sede como un guante y al descubierto queda entonces el racimo del mar, el congrio tierno reluce ya desnudo,
preparado para nuestro apetito.
Ahora recoges ajos, acaricia primero ese marfil precioso,
huele su fragancia iracunda, entonces deja el ajo picado caer con la cebolla y el tomate hasta que la cebolla tenga color de oro.
Mientras tanto se cuecen con el vapor los regios camarones marinos y cuando ya llegaron a su punto,
cuando cuajó el sabor en una salsa formada por el jugo del océano y por el agua clara que desprendió la luz de la cebolla, entonces que entre el congrio y se sumerja en la gloria, que en la olla se aceite, se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario en el manjar caer la crema como una rosa espesa, y al fuego lentamente entregar el tesoro hasta que en el caldillo se calienten las escencias de Chile, y a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra para que en ese plato tu conozcas el cielo.

Pablo Neruda
(Oda al caldillo de congrio)




No hay comentarios: