22 de enero de 2013


He aquí algunos pasajes de la Carta que Victoria Ocampo escribiera a María Elena Walsh en ocasión de haber presenciado su obra teatral Canciones para Mirar.


La carta completa, junto con  poesías, notas publicadas en la Revista Sur y el resto del epistolario inédito que durante años intercambiaron María Elena y Victoria,  forman parte de un libro llamado “María Elena Walsh en la casa de Doña Disparate” donde además de la correspondencia imperdible entre estas dos talentosas mujeres está acompañado por fotografías de Sara Facio y de la Fundación Sur, aportando fiel testimonio del cariño y  admiración que ambas se profesaban.

Sobre “Canciones para mirar”

Victoria Ocampo.
San Isidro, 20 de Mayo de 1962

Querida María Elena Walsh:

“Te escribe Doña Disparate. En ella me he transformado, o más bien dicho me han transformado la gran función de los Plin. Cuando reían a carcajadas los niños que llenaban la sala, yo tenía que esforzarme para no llorar (cosa que hicieron sin inhibiciones algunos espectadores de tres años… Por distintos motivos, supongo).

De algo que puede ser el canto de una hormiga (si los jardineros la dejaran cantar), la historia de una polilla, o la irrupción en la sala Casacuberta (del majestuoso Teatro San Martín) de “Mambrú se fue a la guerra” coreado por un público delirante, trepidante, exhalando felicidad….

Tus canciones para mirar bañan en esa atmósfera poética latente en todas partes. La traducen como si fuera fácil traducir. Como si fuera fácil… Y así, por influjo personal, hipnotizas a los niños que escuchan, fascinados, lo que no pueden entender del todo, apreciar del todo, lo que a veces no les divierte del todo. Es una hazaña. No la realiza, con esos medios, sino un poeta que lo es de veras. Es decir, alguien capaz de transformar un zapallo en carroza “y nada más”.

Tus canciones para Mirar –lo pensaba yo ayer- son “couleur de temps”. Descubrí cuánto me gustaba ese color antes de darme cuenta de que era el de la poesía misma.

Como el pájaro azul de mi cuento preferido, tus canciones me socorrieron tan prontamente que casi tuve que salir de la sala, junto con algún espectador de corta edad; ese espectador daba rienda suelta a emociones ruidosas que con los años aprendemos a disimular.

¿Qué más podría agregar, María Elena Walsh?

P.D.: Si. Puedo agregar que los trajes eran encantadores en su sencillez. Y que hasta la sillita obedecía: era tribuna, bote, cualquier cosa…

(Publicada en la Revista Sur, Nro: 277, Julio-Agosto de 1962)
Fotos: 1) Victoria Ocampo (Archivo Fundación Sur)
           2) María Elena Wlash (Sara Facio)



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