12 de marzo de 2013


"...A la noche, después de cenar, invariablemente iba a un pequeño club donde se jugaba a las barajas, al billar y al ajedrez. Ocasionalmente se reunía con sus hermanos en algún café, o con otros riojanos. (...) Tenía buenos amigos, y algunos eran como satélites, para no decir asistentes. Uno de ellos era el ¨coronel¨, un salteño que nada tenía que ver con el ejército, y era su eterno competidor de ajedrez. Solía venir a la casa de Victoria los domingos a la tarde con un programa muy claro: lavar el perro y jugar al ajedrez. (...) Cumplida la tarea, los dos amigos pasaban al escritorio, y allí permanecían varias horas frente al tablero. Cuando papá subía le preguntábamos quién había ganado. –Lo he hecho llorar al coronel–, solía ser su respuesta.

El ajedrez es un juego cruel, pues sólo termina cuando el oponente, el Rey, es derrocado o cercado o peor aún, ¨comido¨. Es cruel porque no admite transacciones; sólo eliminar piezas en una estrategia cuya lógica sólo comprende el jugador. Sin embargo, como juego de pensamiento, no conozco otro que sea, como el ajedrez, un ámbito de paciencia, tolerancia, conversación pacífica e intercambio de ideas.
Tal vez por todo esto y por su significación secreta, dicha y cantada por tantos ensayistas y poetas, quien firma se abstuvo siempre de acercarse seriamente al ajedrez. Allí queden, en su misterio, esa masa de conjeturas que esconden su tablero inamovible y sus piezas. No es para mí"

FELIX LUNA
(Fragmento de evocación de su padre. Herencia del Ajedrez)
Foto: Café y Billares. Avenida Federico Lacroze y Alvarez Thomas



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