24 de marzo de 2013



".. -Tiene que elegir.
... -No entiendo -le aseguré.
... -Por una vez lo justifico -respondió amablemente.
... De nuevo se tapó la cara con las manos y guardó un silencio tan largo que me impacienté. Pregunté:
... -¿Por qué, doctor?
... -¿Recuerda lo que decía Descartes? ¿No? Cómo se va a acordar si nunca lo ha leído. Descartes pensaba que el alma estaba en una glándula del cerebro.
... Dijo un nombre que sonó como pineral o mineral. Pregunté:
... -¿El alma de mi señora?
... Puso tanto fastidio en su respuesta, que me desorientó.
... -El alma de cualquiera, mi buen señor. La suya, la mía.
... -¿Cómo se llama la glándula?
... -Olvídela, porque no importa y ni siquiera tiene la función que le atribuyeron.
... -Entonces, ¿para qué la menciona?
... -Descartes no se equivocó en lo principal. El alma está en el cerebro y podemos aislarla.
... -¿Cómo lo sabe?
... Contestó simplemente:
... -Porque la hemos aislado.
... -¿Quiénes?
... -Eso tampoco importa. Lo esencial es que logramos aislar el alma, sacarla si está enferma, curarla fuera del cuerpo.
... Como si me interesara la explicación, pregunté:
... -Mientras tanto, con el cuerpo, ¿qué pasa?
... -Desprovisto de alma, no sufre desgaste, se repone. Apostaría que su señora no volverá a tener esos herpes de labios, que tanto la molestaron.
... "No" pensé. "No puede ser". Pregunté:
... -No me diga que le sacaron el alma a mi señora.
... -Lo que nos movió a intentar el experimento fue la absoluta falta de esperanzas de curarla por la terapéutica habitual."

Adolfo Bioy Casares
(Fragmento de "Dormir al Sol")



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