23 de marzo de 2013

 "...El hombre tiene que apresurarse si quiere checar al filo de las nueve. Este día, en especial, despierta amodorrado, se baña y ya ha resuelto su desayuno. Hay tres piezas en su apartamento: la estancia con un sofá color limón donde duerme, un anaquel repleto de novelas a la rústica (lujo de collegeboy norteamericano), la alfombra de hebras arrastrándose inerte hasta el otro extremo, donde está la puerta, junto a un pequeño escritorio hosco, y dos o tres sillas chippendeleznables. Reproducciones nítidas y policromas se ahorcan en la pared: cuadritos de marcos losados con hojas de indian summer y frutas acogolladas. El otro cuarto es la cocina, pulida y reluciente, blanca de porcelana y aluminio, con platos holandeses suspensos al mosaico blanco. La estufa y la nevera. Y la última pieza es el baño, herméticamente cerrado por una puerta verde con la manija de cobre.

Hoy, el hombre lee el diario al mismo tiempo que escucha un gruñido tras la puerta del baño. Los encabezados anuncian atrevidamente, con tintas oscuras: una pantera negra se ha escapado del zoológico; todos los ciudadanos, según parece (y se recomienda), deben ponerse en guardia contra esta salvaje pantera; puede estar en cualquier parte: sí, allí, junto a usted.

El rugir en el baño se repite. Pero el hombre ya se ha lavado los dientes y son las ocho y media. Todo lo que puede hacer es correr fuera del local..."

Carlos Fuentes
(Fragmento de "Pantera en Jazz")



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