29 de marzo de 2013




JESUS DE CANDELARIA

Sombra de corazón de la amargura 
a tu rostro que aviva pulso cárdeno 
lirio inclinado bajo el viento, pesa 
                    la cruz del viento. 

Tu rodilla sin fuerza es como cera 
que se derrite al sol, se ve en la túnica, 
lirio inclinado bajo el viento, pesa 
                    la cruz del viento. 

Del entrecejo, hendido por los juncos 
de la tribulación, hasta los pómulos 
se afila tu nariz de asfixia, falta 
                    a tu lengua el aire. 

Nube de acabamiento da a tus ojos 
frío de muerte que reduce a témpano 
tu mirar, y no miras te derramas 
                    agua de llanto. 

La tortura va desmayando dentro 
de ti palomas negras y tus tímpanos 
reventados no oyen, te derramas 
                    agua de llanto. 

Menguante de tu sien que medra y pugna 
bajo el pelo lluvioso, con el pálpito 
hundido, te busca y no te encuentra 
                    en tus sentidos. 

Flexible y anillada, tu palabra, 
cintura en movimiento, como el cálamo 
del cetro quedó rota y no te encuentra 
                    en tus sentidos. 

¡Gusano de escarlata el astro labio 
de Dios y labio de los hombres!  ¡Cáñamo 
perfumado el que ahora suda gota 
                    de moribundo! 

El cáliz del vacío no se aparta 
de tus fauces sedientes y el líquido 
de tu sangre lo desborda, vino 
                    de moribundo. 

La cadena encendida de las dalias 
te ciñe en la penumbra de los párpados 
a la desolación de la primera 
                    hora de espinas. 

El latón fino de tu pie en el suelo, 
alianza sin sandalia con lo mínimo, 
abre el camino de la cruz que ahora 
                    es salvavidas. 

Y la raíz en lucha de tus manos 
retuerce como garfios sus diez pálidos 
dedos asidos al madero que ahora 
                    es salvavidas.

Miguel Angel Asturias

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