5 de abril de 2013


Aunque se borren todos nuestros rastros... 

Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías 
 en el amanecer 
y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca, déjame 
 en el aire la sonrisa. 
Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos 
y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós: 
un ojo en Achernar, el otro en Sirio, 
las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas, 
tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución, 
 en su Jordán de estrellas. 
Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz, 
algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras. 
Pero déjame en el aire la sonrisa: 
la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia, 
la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón, 
una tierna señal que horade una por una las hojas de este 
 duro calendario de nieve. 
Déjame tu sonrisa a manera de perpetua guardiana, Berenice. 

OLGA OROZCO



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