14 de abril de 2013


“Y entonces me sobrecogió la sensación extrañísima que luego experimentaría en otras ocasiones pero que- por imprevista e ignorada y por otras circunstancias terribles que la rodearon esa primera vez- no ha vuelto a conmoverme con tan dominadora intensidad. Fue como si todo se inmovilizara durante unos segundos, como si todo palideciera de súbito: todo, el jardín y sus enredaderas, los tapices de los salones, las lámparas encendidas, las rañas gloriosas, todo palideció y se tornó de un verde lívido, acuático… Era que la Muerte había pasado por mí…

La intimidad arrojada a la calle, a la faz de todos… Mis persianas rotas, mis puertas sin picaportes, mis chimeneas que fueron tan bellas y que embadurna la suciedad, mis vidrios rajados, mis parquets de los que se ha apoderado la mugre… Prolongan un desfile cuando salgo en pedazos, descuartizada, hacia los depósitos de las ventas de demoliciones...

Dos palomas se han guarecido en el cuarto japonés, en el nicho donde estaba la vitrina de los marfiles. Tristán y el Caballero han subido a verlas. Rondaron por la habitación y terminaron por acodarse en las ruinas del Bow-Window, desposeído de sus cristales blancos y azules. Ahora miran la gran luna redonda que va por el cielo….

La casa oye lo que se dice en el mayor secreto detrás de las puertas y se entera de todo lo que se hace a escondidas, con las puertas cerradas. Todo lo sabe: desde lo más mínimo hasta lo más terrible, en el instante mismo de su nacimiento y elaboración.

También yo he sido, durante años, mi propio fantasma… Sí, en esa época mis entretenimientos fueron muy parvos… Vivía reconcentrada en mí misma, de cara al pasado, empeñándome en justificar las razones de mi destino…"

Manuel Mujica Láinez 
(Fragmento de "La casa")





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