9 de mayo de 2013



"Entonces, Paul recordó que,en aquel invierno durísimo de hacía dieciocho años,cuando pegaba carteles en las estaciones del ferrocarril de París,el azar puso en sus manos un librito que encontró, olvidado o arrojado allí por su dueño,en una silla  un cafetín contiguo a la Gare de I´Est donde se sentaba a tomar un ajenjo al término de la jornada. Su autor era un turco,el artista,filósofo y teólogo Mani Velibi-Zumbul-zadi, que en ese ensayo había trenzado sus tres vocaciones.

El color,según él, expresaba algo más recóndito y subjetivo que el mundo natural.Era manifestación de la sensibilidad,las creencias y las fantasías humanas.En la valoración y el uso de los colores se volcaba la espiritualidad de una época,los ángeles y demonios de las personas.Por eso,los artistas no debían sentirse esclavizados por el mimetismo pictórico frente al mundo natural: bosque verde, cielo azul, mar gris, nube blanca.

Su obligación era usar los colores de acuerdo a urgencias íntimas o al simple capricho personal: sol negro, luna solar, caballo azul, olas esmeraldas, nubes verdes. Mani Velibi-Zadi decía también- que oportuna ahora esa enseñanza,Koke-que los artistas, para preservar su autenticidad debían prescindir de modelos y pintar fiándose exclusivamente de su memoria. Así su arte materializaría mejor sus verdades secretas.

Mario Vargas Llosa
(Fragmento de "El paraíso en la otra esquina")



No hay comentarios: