26 de mayo de 2013



Victoria Ocampo, la fundadora de Sur, comenzó a frecuentar al escritor francés Roger Callois en París, en 1939. Ella era mucho mayor que él, pero continuaba conquistando con su belleza, su inteligencia y su espíritu a quienes la trataban. Él era uno de los intelectuales más talentosos de la preguerra. Se enamoraron y mantuvieron un intercambio epistolar que se prolongó hasta la muerte de Caillois en 1978. 

1939 
Carta 5. [Sin fecha]

Usted es verdaderamente una salvaje. Incluso su dulzura es una dulzura de animal salvaje. Los animales que sacan las garras son siempre mucho más dulces que los otros. Saben contenerse mejor, son más cariñosos, su pelaje es más sedoso, sus pupilas se cierran más fácilmente, pero aun así queda esa agitación imperceptible de la raza, esa posibilidad de sacar repentinamente las garras como usted suele hacer, y el brillo de la mirada en ese momento, de los ojos que no claudican [...]

Roger

Carta 27. Martes por la noche, [sobre sellado el 11/5/39]

Me doy cuenta de que mi manera de ser constituye un clima muy duro para usted. No sé qué decirle: no deseo que sea de esta manera. No deseo que usted se marchite como una flor que no tiene suficiente tierra, o bastante agua, o demasiado oxígeno. Deseo que usted no sea jamás diferente de lo que ya es. La acepto más a usted tal cual es de lo que me acepto a mí mismo tal como soy. Sin embargo, usted es para mí como una fuerza devoradora, desproporcionada a mi ser, y que en todo caso también representa para él un clima tan duro como puedo ser para el suyo. No está en su naturaleza pensar en esto, y se lo digo con pocas esperanzas de que lo recuerde. Pero es verdad. Así como soy demasiado "frío" para usted, también esa nieve de la que estoy formado no tolera esas altas temperaturas que usted representa. Siempre la percibo inquieta, sin reposo, sin confianza sobre todo. Siempre la siento al acecho de una falta, de una flaqueza, sin tener en cuenta aquello que responde a sus deseos, y exaltando caprichosamente aquello que los frustra. Su insatisfacción es esencial en usted, constitucional, una suerte de cáncer incurable. Quizás eso sea natural en una persona colmada de todos los dones y poseedora además de las cualidades que permiten utilizarlos mejor. [...]

Nunca es totalmente agradable sentirse transportado en un torbellino (lo digo por mí, sé bien que hay personas a quienes eso les complace... No me refiero a usted, que es el torbellino). Queda por saber (esto es lo más importante)si aquello que le atrae en mí, no es precisamente algo que implica una resistencia a los torbellinos, como sé que aquello que me atrae en usted es algo que yo le haría perder, y que por consecuencia, perdería yo mismo si la deseara de una manera diferente de la cual es, por la misma razón de que su naturaleza salvaje me hace sentir incómodo.

Roger

Carta 39. Sábado 2h. [¿27?/5/39]

[...] No sé adónde voy . No tengo deseos de hablar. Pero es necesario que no me quede.

Cuando pienso que usted está enfermo, que tiene molestias y que duerme mal, me siento atormentada por los remordimientos . Pero cuando pienso en eso que llamo sin razón o con ella sus "rebuscamientos", y que posar para una pintora de tercera categoría constituye para usted "el reposo del guerrero" -esto no sería nada, pues es un detalle que sólo tiene importancia si se analiza lo que revela- (del guerrero del Collége de Sociologie) y que etc., etc. (en el etcétera está en primer término el dentista), pierdo mi ternura y mi sangre fría.

Usted no puede comprender nada de este ritmo oscilante y cree que forma parte de mi naturaleza y no de las circunstancias de su carácter (o caparazón o concha). Usted interpreta esas oscilaciones como una incapacidad congénita para dormir o estar tranquila (lo que es falso, pregúntele si no a aquellos que me conocen bien).

Sí, en mí hay un vaivén entre la cólera y el enternecimiento, el deseo de su salud física y el desprecio de su paz moral (por más que pueda contribuir a ello), las ganas de mandarlo a pasear (pero al otro mundo, no al otro continente) [ sic ] después de haberlo previamente reducido a picadillo, y el deseo de hablar con usted, de callar con usted, de velar con usted, de dormir con usted.

Sí, soy violenta. Pero le juro que he procurado controlarme y que he hecho progresos notables en este terreno. La dulzura me desarma más que cualquier otra cosa. Me hace sentir avergonzada, creo habérselo dicho (pues considero la violencia como una forma de debilidad y me avergüenzo de ella).

Roger, esto es peor que cuatro abcesos... hace sufrir más. Llevo lejos de usted a esta bestia feroz. Jamás llegará a domesticarla pero podrá amansarla (hay un matiz) si cree que ella vale la pena.

Victoria
Foto: Del Libro Victoria Ocampo en Fotografías

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