7 de junio de 2013

"Este parque, mejor dicho plaza, un terraplén elevado con pocos, viejos y bellos árboles empeñados en sobrevivir, construcciones a la bartola, escuela, iglesia, etc., fue la Penitenciaría, enorme edificio ocre, sólido, destruido en una noche como por un sismo, caído en ruinas para borrar algunos oprobios y congojas, sin salvar un solo cascote como recuerdo. Y ya nadie sabe lo que fue, ni para qué, ni por qué lo arrasaron.

Pudo haber sido conservado y transformado, como se hace con los edificios europeos que admiramos tanto. Pero no, esta pasión por la destrucción es gemela de la pasión por el crimen, que no ceja y en definitiva detesta el futuro y a las gentes que lo vivirán.
Escenografía pública de ayeres: durante diez años, en todas las paredes de la ciudad, estampas siempre repetidas, decorado cansador, irritante: Perón y Evita, los brazos alzados al cielo, de donde hacían llover pan. Evita y Perón, sonrisas congeladas, tecnicolor de los barrios grises.

Las tipas y el refugio central del bulevar, igual que la Penitenciaría, fueron arrasados en menos que canta un gallo, según la estúpida celeridad de los gobiernos municipales.
Este barrio de Palermo fue muy mentado por Borges y Bioy Casares, por aquí sucedió la Guerra del Cerdo; cuando el binomio se escudó en el seudónimo de H. Bustos Domecq, inventaron a don Isidro Parodi, un astuto detective sedentario, alojado en la celda 273, donde escuchaba los casos y los resolvía, cebando eternamente en un jarrito celeste.
—Borges a esta avenida la llamaba Coronel, a secas.
—Es que así figura en muchos documentos
—me informa Elisalde, el hombre del diario en la cabeza, que está a punto de darme una morosa clase de historia, cuando lo interrumpen una frenada, bocinazos e insultos.

Sucede que está cruzando en diagonal un flaco absorto, que mira al suelo como midiéndolo con sus pasos. Esquiva el choque y recala en esta esquina del parque y parece solo en el mundo, al menos no mira a nadie. Juraría que es Eduardo Mignona, un artista del barrio, pero no quiero distraerlo con un saludo.

Elisalde sigue contándome de una famosa fuga de presos allá por 1923, imagínese que construyeron un túnel de 24 metros, que atravesaba la calle Juncal y salía a una carbonería. Imagínese a los pobres tipos de la carbonería cuando de pronto se les abrió el piso y apareció el primer forajido. El túnel era muy angosto, se daban aire con un aparato fumigador, y como en el Martín Pescador, pasaron todos pero el último se quedó, era gordo y salió con las patas para adelante, se atascó. Sí, vi la película de Eduardo Mignona, filmada allá en Ushuaia. 

Con un minuto de silencio homenajeamos al pobre tipo que no pudo salir y murió asfixiado. En esta vida uno tiende a respetar todos los intentos de fuga."

María Elena Walsh
(Fragmento de "Fantasmas en el Parque")
Foto: Parque Las Heras, Buenos Aires



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