8 de junio de 2013

" Quiere recordar algún momento fundamental de su vida en que Antola no estuviera presente. En las muertes como en las bodas, revive segura de su poder, sedienta por humillarlos, imponente en su fealdad, sin edad, sin formas, con el mismo cabello blanco sobre las sienes que peinaba el día que murió su madre. Sabedora de todos los secretos; delgados los muros para su oído de enferma, insolente y justa, fiel e imprescindible en sus vidas, desaparece en las terrazas y buhardillas —junto a los murciélagos y los ratones—, para reaparecer victoriosa en los momentos decisivos de los Pradere.
—Pensé que también te habías ido. 
—¿Adónde…? No tengo dónde ir. 
—Hacía mucho que no te veía. 
—Andás demasiado ocupada. 
—¿No se quedó nadie, ni siquiera las mucamas de arriba? ¿Adónde van? 
—Todas tienen alguna pocilga que les gusta más que esta casa. 
—¿Por qué me hablás así? —Sofía, sin saber muy bien a quién dirige la pregunta, y sin importarle demasiado la respuesta, ruega—: ¿Te parece que habrá algo de comer? Estos son días de foie-gras y galletitas inglesas. 
—No te quejés; en la alacena les he dejado algo: conformate con eso. "

Beatriz Guido
(Fragmento de "El incendio y las vísperas")



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