25 de julio de 2013




“Creo que ha llegado el momento de que aborde el tema que hasta ahora he eludido y que por principal debí tratar al comienzo de estas memorias. Me refiero al tema de mi físico. Lo revelaré en seguida, de un golpe, sin perífrasis, aunque me cueste, me duela hacerlo. Allá va: cuando nací, el Esculapio hogareño que tuvo a su cargo la tarea de facilitar mi ingreso en el mundo destacó una anomalía en mi espalda, provocada por la corvadura y desviación de mi columna vertebral hacia el lado izquierdo. Luego, al crecer y definirse mi cuerpo, se tuvo la certidumbre de que aquello era una giba, corcova, joroba, llámesela como se la quiera llamar -ya lo he dicho, ya lo he dicho-, deformación a la cual se sumó otra, en la pierna derecha, que me obligó a arrastrarla levemente y que el Esculapio en cuestión no pudo advertir en el primer instante. 

Quienes han escrito sobre mí, con áulica retórica, silenciaron esos defectos prudentemente. Si los detallo es porque ellos contribuyen a explicar mi carácter y porque se trata de algo para mí esencialísimo...Algunos artistas restringieron su elogio a mi alma —y al hacerlo incidieron en una adulación tan absurda como los que ensalzaban disparatadamente mi cuerpo, pero por lo menos no contradijeron lo obvio— y así Aníbal Caro me ha apodado “señor bueno” , y Betussi, “verdadero amigo de los hombres y de Dios” , mientras que Francisco Sansovino habló de mi “honorable presencia” y, aún más, de mi “aspecto real” . Claro que yo, sin declararlo abiertamente, lo habré guiado a este último a que lo hiciera. 

Sansovino comprendió mi urgencia de ser alabado por mi físico, que era mi punto más flaco, y procedió con elocuencia cortesana. Y no ha quedado ni un solo rastro, para el futuro, de tan palmarias y patéticas irregularidades; ni siquiera en mi maravilloso retrato por Lorenzo Loto, el de la Academia de Venecia, una de las efigies más extraordinarias que se conocen, en la cual no figuran para nada ni mi espalda ni mis piernas, y en la que los pinceles de Magister Laurentius, cuando yo contaba veinte años, prestaron relieve a lo mejor que he tenido —ya que menciono lo malo, mencionaré lo bueno también— , mi cara pálida y fina, de agudo modelado en las aristas; de los pómulos, mis grandes ojos oscuros y su expresión melancólica, mis delgadas, trémulas, sensibles manos de admirable dibujo"

Manuel Mujica Láinez
(Fragmento de "Bomarzo")






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