29 de julio de 2013

EL DIAGNOSTICO Y LA TERAPEUTICA

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. 
A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres desvastadoras  y  sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces. 

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café, en la sopa, o en el trago. Se puede provocar pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. 

El amor es sordo al Verbo Divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto del gobierno que pueda con él ni pócima capáz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo. 

Eduardo Galeano









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