15 de julio de 2013



"Qué sigiloso andar nacerá así en un territorio donde los ojos y el recuerdo se libran el amargo combate de dos tiempos enemigos, a cada vuelta de esquina, al filo de un chambergo, a lo largo de paredes y de cielos. Pero el testigo que ve y dice verdad, no será justamente el fantasma entre dos zonas, el vigía entre sueño y despertar, allí donde las fronteras de las costumbres ceden al furtivo encuentro de los contrarios, a la reconciliación de lo absurdo y lo evidente, al paseo de este hombre que a la altura de Talcahuano y Corrientes mira las luces de un café que no conoció nunca, se acerca a una mujer que no le tenderá la mano?. 

En Francia los fantasmas se llaman los que vuelven,  nosotros no tenemos palabras que medrosamente consienta ese entorno entre dos aguas y dos luces. Pero tenemos al familiar, y ese mira ahora los juegos de los niños, el amor en las plazas, la vida del Riachuelo, familiar de Buenos Aires que vuelve con el hábito de una mesa en el Bidú que acaso ya no existe, de los Particulares livianos que acaso ya no existen, de itinerarios que estas páginas de helado mercurio han vuelto a proponerle, y que él franquea, las manos en los bolsillos, una sed de cerveza en la garganta donde todavía habitan tangos de otros tiempos, gorriones de lunfardo. 

Parado allí, donde Buenos Aires resbala en sí misma, Sarmiento abajo, donde a pesar de tanta arquitectura tranquilizadora tiembla entre dos paredes el pelaje del río que interroga y compulsa y pone en duda, el familiar se acuerda de su visión de entonces, la murmura otra vez con las mismas palabras. 

La Ciudad

El río baja por las costas
con su alternada indiferencia
y la ciudad lo considera
como una perra perezosa.
Ni amor, ni espera, ni el combate
del nadador contra la nada.
Con languidez de cortesana
mira a su río Buenos Aires.
El tiempo es ese gris compadre
pitando allí sin hacer nada."

Julio Cortázar
Foto: Calle 25 de Mayo






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