10 de agosto de 2013

"El trabajo artístico es un asunto de temperamento. Lo que facilite el cultivo del temperamento debe mantenerse y lo que ocasione daño debe abandonarse. De este modo uno podrá gradualmente abandonar lo vulgar y acercarse a la cultura. La cura puede no ser permanente ni completa. Algunas personas con constantemente estorbadas por las cosas que hacen imposible el logro del gran estilo. Los estudiantes que tengan como meta esta gran finalidad deben tener los hábitos de intentar suprimir el amor a la violencia, ser inteligentes y evitar irse por lo fácil. Deben apreciar como los antiguos eran capaces de lograr esa calma, esa atmósfera genial y suave y ese sentimiento de libertad. Deben conseguir una cultura de esa calidad, sin olvidar nunca y sin ser jamás impacientes. Así, con el tiempo, las maneras vulgares desaparecerán en nosotros y el sentimiento de cultura permanecerá dentro de nuestro ser.

Se podrá objetar: “la pintura es tan sólo un arte.Usted habla como si estuviese fundando una filosofía de vida. ¿No es difícil?”, mi respuesta es que en este mundo todo está bajo la filosofía. Pintar es un arte que servía a los antiguos como medio de limpiar y refinar el espíritu humano. Por eso este propósito es similar al de la poesía. Los buenos artistas pueden escribir poesía y los buenos poetas pueden aprender fácilmente a pintar. Es como el arte de los alquimistas, que transforma los cuerpos en espíritus inmortales. También ellos hicieron uso del elixir material de la inmortalidad para aprender a comprobar el progreso espiritual. Como dio uno: “Cuando se forma lo externo, lo interno ya está completo”. Los que entiendan esto se moverán con naturalidad en un espíritu de refinamiento cultural y estarán por encima del mundo diario. [...] Cuando se alcanza este nivel elevado, el artista ha superado la preocupación de evitar la vulgaridad y cultivar el refinamiento."

Hen Tsung-ch'ien 
(Fragmento de "El arte de la pintura")
Foto: Antonio Berni en su taller. 











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