13 de septiembre de 2013




"Alguien a quien hablar, como todos nosotros parecemos necesitar, desear, tener que tener, no para conversar con una ni tampoco para que esté de acuerdo con una, sino simplemente que esté ahí, quieto, oyendo. Que es todo lo que la gente quiere, realmente necesita; quiero decir, para comportarse, para no andar a la greña con los demás; los desajustes que nos dicen estimulan a los incendiarios y raptores y criminales y al resto de elementos antisociales, no son realmente desajustes, sino simplemente que los asesinos y ladrones en embrión jamás tuvieron a nadie que los escuchase: es una idea que la Iglesia Católica descubrió hace dos mil años, sólo que no lo ha llevado bastante lejos o acaso estuviese demasiado ocupada por ser la Iglesia para tener tiempo de molestarse con los hombres, o tal vez no haya sido culpa de la Iglesia, sino simplemente que tenía que habérselas con seres humanos y tal vez si el mundo estuviese poblado por una especie de criaturas las mitad de las cuales fuese muda, no pudiese hacer otra cosa que escuchar, no pudiera siquiera escapar de tener que oír a la otra mitad, jamás hubiese habido ninguna guerra." 


William Faulkner 

(Réquiem para una mujer)












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