19 de noviembre de 2013







BUSCANDO

Era un bebé cantor. Hasta durmiendo, con una vaga sonrisa dejaba escapar de pronto una especie de gorjeo. Y despierto, hasta cuando estaba callado parecía que el canto continuaba adentro, incesante. Como si estuviera buscando otro sonido.

Después fue un niñito alegre. Caminó muy temprano, parecía apurado por acercarse a las cosas. Era hábil con los juguetes, adoraba los rompecabezas y los trompos musicales y dibujaba todo, los libros y los cuadernos que estaban hechos para eso y las paredes y las sábanas y la ropa y su propio cuerpo y hubiera dibujado también el de los demás , si se hubieran quedado quietos. Si uno miraba atentamente, todos los dibujos tenían un cierto parecido y, de alguna manera, se complementaban. Como si estuviera buscando otra imagen.

Fue un alumno irregular. Tenía temporadas de gran actividad, pero a veces se distraía. Y preguntaba de pronto las cosas más absurdas e inverosímiles, cosas que nada tenían que ver con el tema de la clase. Pero nunca le parecían suficientes las explicaciones recibidas. Como si estuviera buscando otra respuesta.

Era un adolescente lector. A cualquier hora, en cualquier lugar, leía cualquier cosa: diarios, libros de texto, revistas, novelas, folletos, poemas, diccionarios, cuentos, biografías, relatos de viaje, clásicos, policiales, todo le interesaba. Se reía a carcajadas, lloraba, lanzaba exclamaciones de sorpresa, besaba la página, insultaba a los protagonistas, discutía a gritos con los autores muertos o vivos, pero siempre ausentes. Y seguía leyendo. Como si estuviera buscando otra explicación.

Era un joven seductor. Todas las mujeres parecían gustarle: las menores, las mayores, las inteligentes, las tontas, las lindas, las feas. Las miraba con tanta intensidad, las escuchaba con tanta atención y estaba siempre tan dispuesto a compartir su tiempo y su energía, que cada vez parecía la primera. Como si estuviera buscando otro sentimiento.

Se convirtió en un hombre preocupado. Trabajaba, amaba, vivía. A veces peor y a veces mejor, como todo el mundo. Se equivocaba y volvía a empezar, como todo el mundo. Sufría y se alegraba, como todo el mundo. Pero no parecía bastarle. Como si estuviera buscando otra razón.

Llegó a ser un anciano sin darse cuenta. Preocupado todavía por los sonidos y las imágenes, por las respuestas y las explicaciones, por los sentimientos y las razones. Le interesaban los jóvenes y los observaba vivir. Como si estuviera buscando otra justificación.
Murió rodeado de hijos y nietos, de amigos y compañeros, de admiradores y curiosos. Murió muy en contra de su voluntad y a pesar de las ciencias de su tiempo. Murió con los ojos abiertos, con los brazos tendidos, con las manos en movimiento. Como si estuviera buscando otra vida.

Aída Bortnik







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