3 de mayo de 2014





"Crecido entre pescadores, nunca sospechó el joven Mario Jiménez que en el correo de aquel día habría un anzuelo con que atraparía al poeta. No bien le había entregado el bulto, el poeta había discernido con precisión meridiana una carta que procedió a rasgar ante sus propios ojos.
–¿Por qué abre esa carta antes que las otras?
–Porque es de Suecia.
–¿Y qué tiene de especial Suecia, aparte de las suecas?
Aunque Pablo Neruda poseía un par de párpados inconmovibles, parpadeó.
–El Premio Nobel de Literatura, mijo.
–Se lo van a dar.
–Si me lo dan, no lo voy a rechazar.
–¿Y cuánta plata es?
El poeta, que ya había llegado al meollo de la misiva, dijo sin énfasis:
–Ciento cincuenta mil doscientos cincuenta dólares.
Mario, que presentía el fin del diálogo, se dejó consumir por una ausencia semejante a la de su predilecto y único cliente, pero tan radical que obligó al poeta a preguntarle:
–¿Qué te quedaste pensando?
–En lo que dirán las otras cartas. ¿Serán de amor?
El robusto vate tosió.
–¡Hombre, yo estoy casado! ¡Que no te oiga Matilde!
–Perdón, don Pablo.
–¿Qué te pasa?
–¿Don Pablo?
–Te quedas ahí parado como un poste.
Mario torció el cuello y buscó los ojos del poeta desde abajo:
–¿Clavado como una lanza?
–No, quieto como una torre de ajedrez.
–¿Más tranquilo que gato de porcelana?
Neruda soltó la manilla del portón, y se acarició la barbilla.
–Mario Jiménez, es indigno que me sometas a todo tipo de comparaciones y metáforas.
– ¿Don Pablo?
– ¡Metáforas, hombre!
– ¿Qué son esas cosas?
El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.
–Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
–Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
–Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que quieres decir?
–¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu’.
–Bueno, eso es una metáfora.
–Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado?
–Porque los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debiera tener un nombre tan largo como mariposa. Piensa que elefante tiene la misma cantidad de letras que mariposa y es mucho más grande y no vuela –concluyó Neruda exhausto. Con un resto de ánimo, le indicó a Mario el rumbo hacia la caleta. Pero el cartero tuvo la prestancia de decir:
–¡P’tas que me gustaría ser poeta!
–¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones[1].
Neruda retomó la manilla de la puerta, y se disponía a entrar, cuando Mario, mirando el vuelo de un pájaro invisible, dijo:
–Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
–¿Y qué es lo que quieres decir?
–Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo."

Antonio Skármeta
(Fragmento de "El Cartero de Neruda")
Foto: Pabo Neruda en Isla Negra. 
(1) guatones: Panzones.









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