11 de septiembre de 2015








A los maestros en su día. 


Romance de los vanos encuentros

No preguntes quién pone en este canto 
un alma destinada al sufrimiento 
y un pobre corazón que te ama tanto.

Bronces de las ocho y media 
nos llaman cada mañana 
-entre tu casa y mi casa- 
de dos cornisas y un breve saludo de camaradas.
¡Estás tan bella, vestida 
de crujiente espuma blanca 
baje ese sol de las ocho 
que te ciñe y que te alaba!
Sus amarillas saetas 
bordan en tu pelo el aura 
que me recuerda las leves 
imágenes de las santas.
(Pienso que rezarte a ti 
tal vez me salvará el alma...)
II 
Las campanas matinales 
ponen música en la senda 
por donde a tu escuela vas, 
por donde voy a mi escuela.
Tontamente, tontamente 
me vuelve la vieja idea 
cada vez que nos cruzamos 
en nuestras rutas opuestas: 
pienso en el ayer que ataba 
con una risa dos sendas, 
cuando jamás nos cruzábamos 
tú y yo en camino a la escuela.
Con una misma campana, 
con una misma existencia, 
y por una misma calle 
con sol de las ocho y media... 
Para nosotros, entonces, 
había una sola escuela.
III 
La señorita maestra 
pasa vestida de blanco ; 
en su oscuro pelo duerme 
la noche aún, perfumado, 
y en lo hondo de sus pupilas 
yacen dormidos los astros.
Buenos días señorita 
del caminar apurado; 
cuando su voz me sonríe 
olvido todos los pájaros, 
cuando sus ojos me cantan 
se torna el día más claro, 
y subo la escalinata 
un poco como volando, 
y a veces digo lecciones.


Julio Cortázar 












No hay comentarios: