30 de abril de 2015




El siempre presente recuerdo de Ernesto Sábado. 


AL BUENOS AIRES QUE SE FUE

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires
hacen sentir más la soledad
busco un suburbio en el crepúspulo, y entonces,
a través de un brumoso territorio de medio siglo
enriquecido y desvastado por el amor y el desengaño,
miro hacia aquel niño que fui en otro tiempo.

Melancólicamente me recuerdo
sintiendo las primeras gotas de una lluvia
en la tierra reseca de mis calles sobre los techos de zinc.
"Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva",
hasta que los pájaros cantaban y corríamos descalzos,
a largar los barquitos de papel.

Tiempos de las cintas de Tom Mix y de las figuritas de colores,
de Tesorieri, Mutis y Bidoglio,
tiempo de las calesitas a caballo,
de los manises calientes en las tardes invernales,
de la locomotora chiquita y su silbato.

Mundo que apenas entrevemos cuando estamos muy solos,
en este caos del ruido y del cemento,
ya sin lugar para los patios con glisinas y claveles,
donde una chica casadera cantaba algo de un pañuelito blanco,
mientras planchaba la ropa del hermano.

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires,
hacen sentir más la soledad,
salgo a caminar por esos barrios que tímidamente, con vergüenza,
conservan algún minúsculo tesoro de un pasado menos duro,
una maceta con malvones, alguna reja rezagada.

Pero ya Boedo no es el que cantó De Caro,
ni Chiclana la calle de Esthercita,
ni Puente Alsina en la vieja barriada
que vio nacer al poeta callejero.

En vano buscaremos las muchachas
en torno del gringo y su organito,
ansiosamente mirando la cotorra,
esperando de su pico la buena suerte o el amor.

Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo,
cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes,
cuando todavía los espíritus no estaban resecados,
por la ferocidad y la violencia.

Ya no hay novias detrás de las persianas,
esperando al gringo y su monito.
Ya murió el último organito
y el alma del suburbio se quedó sin voz.

Ernesto Sábato 









29 de abril de 2015




Inolvidable Alejandra.....


Anillos de ceniza
                                              
Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

Alejandra Pizarnik








21 de abril de 2015




Manucho Mujica Láinez en nuestro recuerdo. 


El AMOR

El Amor cambia sus disfraces.
El Amor juega a la galantería,
con antiguas palabras,
el Amor se reclina, melancólico,
entre sauces y columnas,
hace bromas, se burla de los celos,
se encrespa, teatral, en el humo de los celos,
multiplica los cálculos,
los engaños, las promesas,
los juramentos gloriosos,
se desmaya ¡ay! se desmaya
y compone admirables escenas,
mientras espía, bajo los párpados entreabiertos,
sutiles;
también escribe cartas sin fin y sin sentido,
con una larga pluma;
rompe papeles,
rompe  muchos retratos;
besa retratos,
besa la punta de los dedos;
besa la sombra,
se acoda en las esquinas, con traje de compadrito;
se alza en los balcones de las fiestas sonoras,
con un traje de tul.
Cambia disfraces.
Cambia incontables disfraces.
Y en los solitarios momentos supremos,
el Amor es un gran tigre herido,
que va entre los juncos de la noche,
sangrando.

Manuel Mujica Láinez






17 de abril de 2015




Recordamos al querido Gabo en el primer año de su partida.


“Llegó a la conclusión que aquel hijo (el coronel Aureliano Buendía) por quien ella (Úrsula Iguarán) habría dado la vida, era simplemente un hombre incapacitado para el amor. Una noche, cuando lo tenía en el vientre, lo oyó llorar. Fue un lamento tan definido, que José Arcadio Buendía despertó a su lado y se alegró con la idea de que el niño iba a ser ventrílocuo. Otras personas pronosticaron que sería adivino. Ella, en cambio, se estremeció con la certidumbre de que aquel bramido profundo era un primer indicio de la temible cola de cerdo. Pero la lucidez de la decrepitud le permitió ver, y así lo repitió muchas veces, que el llanto de los niños en el vientre de la madre no es anuncio de ventriloquia ni facultad adivinatoria, sino una señal inequívoca de incapacidad para el amor”.

Gabriel García Márquez
(Fragmento de Cien años de soledad)






11 de abril de 2015




A un año de su partida, recordamos  a nuestro querido Alfredo Alcón. 


"No sé si soy más sabio ahora que a los 20. Porque si no esto sería muy fácil: uno vive tanto tiempo y entonces tiene tanto conocimiento y sabe más que uno más joven. A veces a los 20 años uno cree, o tiene la sensación, de que está ante la inminencia de una revelación, de que está por saber algo que no sabe muy bien qué es, el misterio de las cosas de los que habla la obra. A mí me da miedo la experiencia porque te hace creer que sabés algo, y uno pierde el asombro de levantarse a la mañana y ver, solamente eso, ver un árbol, los colores, o de oler, o de sentir sed, esos milagros que van pasando mientras uno está vivo, y después los toma como algo normal, no los goza, ni se da cuenta del privilegio que significa tener la posibilidad de ver tantas cosas. Uno ve la mitad de las cosas que puede, y a veces ni eso. Y hay quienes viendo una pequeñísima parte piensan que ya lo saben todo. 

Por eso es que en todos los oficios, pero en el mío particularmente, es peligroso apoyarse en la experiencia, porque te impide la búsqueda de algo que quizás sea mejor que lo que vos ya sabés, que es seguro. Cuando trabajo con actrices y actores jóvenes aprendo muchísimo, porque tienen una manera de mirar, a lo mejor les falta técnica pero eso se aprende fácil, pero no son de los que salen y se muestran, «¡miren cómo actúo!» Sino que están buscándose y buscando y ese es el momento más hermoso de todo ser humano, no ya de un actor, sino de cualquiera. En cambio cuando te encontrás con personas que han actuado mucho hay como una cosa de que ya la vivieron y son «señores de la escena». 

(Entrevista a Alfredo Alcón)









7 de abril de 2015





Mes de Homenajes. 

Recordamos a Victoria Ocampo en un nuevo aniversario de su nacimiento. 


"...Para el grupo de chicas que veraneaba en una quinta frente al río, San Isidro era el higo apenas abierto entre las hojas ásperas y el durazno tibio de sol, los coquitos que la palmera inaccesible dejaba caer, el barro de la ribera cuando nos permitían chapalear con los pies desnudos en el agua color dulce de leche. 
El río era la esperanza de poder ir a pescar un bagre con una caña de bambú verde, era meter la mano en la tierra negra, allí donde la azada del jardinero sacaba de su escondite alguna lombriz buena para el anzuelo; era ocultar entre las hortensias una caja de jabón, cofre donde guardábamos nuestras piedras preciosas: piedritas recogidas en los caminos del jardín. El paisaje, en aquella época, no iba más allá de esas cosas..." 

Victoria Ocampo

(Fragmento del libro Testimonios).