30 de diciembre de 2015

26 de diciembre de 2015





Homenaje a Alejo Carpentier


Caracol poema

Nada hay más hermoso que la danza de un macizo de bambúes en la brisa. Ninguna coreografía humana tiene la euritmia de una rama que se dibuja sobre el cielo.

Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado.
Un día los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.


Alejo Carpentier, Los pasos perdidos











22 de diciembre de 2015







    A todos aquellos que visitan a diario este blog, 
les deseamos una muy Feliz Navidad!!! 
















14 de diciembre de 2015




En recuerdo de Silvina Ocampo

Diálogo

Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué sé yo, de cualquier cosa.

Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad de los que matan pumas.

Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un exvoto de hojalata.

Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué nos íbamos tan lejos.

Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.
Y mientras proseguían los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.

Silvina Ocampo











13 de diciembre de 2015




Recordamos a Beatriz guido en un nuevo aniversario de su nacimiento. 


" Los Torrecillas los miraban sorprendidos. Los mayores se llamaban María Constelación, Mario Venus, Mario Autillos, y la causa de sus nombre estelares es bien obvia e indudablemente conformaron el santoral con María o Mario. La chicas, las niñas se llamaban Ángeles, Pandora. Asistían la mitad del año a la escuela diurna y después las echaban porque se quedaban dormidas en los lugares y oportunidades más insólitos: los recreos, los baños, al izar la bandera, durante las visitas de la inspectora; no hablemos de los exámenes. La noticia de la expulsión era recibida con gran felicidad porque las devolvía a la noche más lúcidas y frescas. O tal vez lo aceptaban como algo lógico y fatal: los habitantes de la noche tienen sus reglas invariables y no se puede pretender que sean regidos por las leyes de los demás. Constelación, la mayor de las chicas, crecía sin embargo con sabiduría y belleza. Mientras la madre, Isabel Torrecillas, practicaba el culto metodista –por el hecho que la iglesia Corrientes le quedaba cerca. Ella esperaba a su padre con chocolate caliente, entretenía a sus hermanos y leía en el silencio de la noche mientras sus hermanos se dedicaban a responder por la radio las llamadas de “Una voz en el camino”. Constelación y Othus dirigían a los demás. No había mucho que corregir para escribir la verdad, porque la noche los mantenía lúcidos, apacibles. Sus juegos eran bien específicos: cacerías de ratas, quema de cucarachas o escalar balcones y cornisas. Presentir intempestivos infartos o los partos en el alba. Y, ¿por qué no?, los coitos fortuitos. Porque ellos se habían especializado en el oficio de espías: el espión, el chivato, aquél que horada paredes, desvirga cerraduras, escala inodoros para vigilar por claraboyas y mamparas las letrinas vecinas: el hamacarse entre canefas de bronce hasta poder respirar entre contenidas risas las no placenteras defecaciones o las largas e infinitas evacuaciones de los viejos vecinos. No sólo miraban las estrellas. Se asomaban a los techos vecinos de esa antigua casa de departamentos, con la inconciencia y la avidez de los niños por lo escatológico, donde el ángel se alimenta de excrementos. "


Beatriz Guido













9 de diciembre de 2015





Un cielo de serenata


Hubo un tiempo de patio y jazmín,
de rosadas glicinas en flor,
en que el sueño llegaba a su fin
y era el vals trampolín
de un trovero cantor.
En la reja de aquella mujer,
por quien siempre tembló de pasión,
él buscaba probar su querer
solamente con ver
que se abría el balcón.

Serenata, te vuelvo a evocar
y desatas en mí la emoción...
Yo regreso a tu modo de amar
con las alas de la ensoñación.
Serenata, te quiero traer
desde un sueño que dice: ¡jamás!...
Y quisiera poder recrear
la ilusión de pensar
que otra vez, volverás...
Que es posible el candor
y que existe el amor
de ese tiempo que fue de mamá.

Hubo un tiempo de tanta ilusión
en que acaso era fácil soñar,
y tener de testigo a un malvón
en la dulce ocasión,
confidente del vals...
Serenata que ya enmudeció
en qué cielo te fuiste a perder,
en qué luna teñida de añil,
tu perfume de abril
se esfumó sin querer.

Eladia Blázquez










2 de diciembre de 2015





Recordamos al Dr. Luis Federico Leloir

Nació en París el 6 de Septiembre de 1906 y muriò en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1987) 

Fue un médico y bioquímico argentino  que recibió el Premio Nobel de Quìmica en 1970.
Su investigación más relevante, y por la cual obtuvo la distinción que le otorgó fama internacional, se centra en los nucleótidos de azúcar, y el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono. Tras su hallazgo se lograron entender de forma acabada los pormenores de la enfermedad congénita galactosemia.