7 de abril de 2016



En recuerdo de Victoria Ocampo y Gabriela Mistral


CUMPLEAÑOS


Victoria Ocampo y Gabriela Mistral compartían la misma fecha de nacimiento: el 7 de abril. Es con motivo de esta celebración que Gabriela Mistral le escribe a Victoria un poema.

Durante la estadía de Gabriela Mistral en Villa Ocampo, ambas escritoras se enviaban mensajes de una habitación a otra. Es lo que la escritora argentina llamará "cartas habladas", pues "una carta que va de un piso a otro de una casa tiene forzosamente que ser diferente de una composición literaria del género epistolar, como un pájaro vivo de uno embalsamado" ("Gabriela Mistral en sus cartas", 64-65). De esos mensajes se han conservado tres de Gabriela Mistral, mientras los de Victoria Ocampo están perdidos. Gabriela Mistral estaba acompañada de Consuelo Connie Saleva, secretaria y amiga portorriqueña que la acompañara en Argentina. Coincidió con la presencia de María Rosa Oliver, entre otras. Varias personas alojaban en la casa simultáneamente -la casa tenía once habitaciones-, aunque su dueña estuviera enferma.

Era el tiempo de las pruebas de imprenta de la primera edición de Tala que publicará Sur, en 1938. "Recado a Victoria Ocampo, en la Argentina" es un poema de despedida, en agradecimiento y correspondencia por su hospitalidad y como saludo del cumpleaños.

La escritora argentina recuerda de la siguiente manera aquella fecha: 1938

"Pasó en Mar del Plata el 7 de abril de 1937. Era el día de su cumpleaños. Lo compartíamos, pero sólo descubrimos la coincidencia entonces. bajé temprano a desearle la felicidad que acostumbramos a desear en fechas fijas, como pidiendo prórroga. Estaba sentada en la cama, lápiz en mano, corrigiendo algo. "¿Qué has escrito?", le pregunté. "Un recado para ti, para el día de tu santo, como le llamas."

"¿Puedo leer?"

Victoria, la costa a que me trajiste,
tiene dulces los pastos y salobre el viento,
el mar Atlántico como crin de potros
y los ganados como el mar Atlántico.
Y tu casa, Victoria, tiene alhucemas,
y verídicos tiene hierro y maderas, conversación, lealtad y muros.

Albañil, plomero, vidriero,
midieron sin compases, midieron mirándote,
midieron, midieron...
Y la casa, que es tu vaina,
medio es tu madre, medio tu hija...
Industria te hicieron de paz y sueño;
puertas dieron para tu antojo;
umbral tendieron a tus pies...

Yo no sé si es mejor fruta que pan
y es el vino mejor que la leche en tu mesa.
Tú decidiste ser "la terrestre",
y te sirve la Tierra de la mano a la mano,
con espiga y horno, cepa y lagar.

La casa y el jardín cruzan los niños;
ellos parten tus ojos yendo y viniendo;
sus siete nombres llenan tu boca,
los siete donaires sueltan tu risa
y te enredas con ellos en hierbas locas
o te caes con ellos pasando médanos.

Gracias por el sueño que me dio tu casa,
que fue de vellón de lana merino;
por cada copo de tu árbol de ceibo,
por la mañana en que oí las torcazas;
por tu ocurrencia de "fuente de pájaros",*
por tanto verde en mis ojos heridos,
y bocanada de sal en mi aliento:
por tu paciencia para poetas
de los cuarenta puntos cardinales...

Te quiero porque eres vasca
y eres terca y apuntas lejos,
a lo que viene y aún no llega;
por tus esperanzas
y porque te pareces a bultos naturales:
a maíz que rebosa la América
rebosa mano, rebosa boca-,
y a la Pampa que es de su viento
y el alma que es del Dios tremendo...

Te digo adiós y aquí te dejo,
como te hallé, sentada en dunas.
Te encargo tierras de la América,
¡a ti tan ceiba y tan flamenco,
y tan andina y tan fluvial
y tan cascada cegadora
y tan relámpago de la Pampa!

Guarda libre a tu Argentina
el viento, el cielo y los trojes;
libre la Cartilla, libre el rezo,
libre el canto, libre el llanto.
el pericón y la milonga,
libre el lazo y el galope
¡y el dolor y la dicha libres!

Por la Ley vieja de la Tierra;
por lo que es, por lo que ha sido,
por tu sangre y por la mía,
¡por Martín Fierro y el Gran Cuyano
y por Nuestro Señor Jesucristo!


Gabriela Mistral










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